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El verdadero valor de la calidad certificada

Las marcas de calidad aportan un grado extra de seguridad a las tuberías, los pozos y las piezas complementarias prefabricadas de hormigón para sistemas de saneamiento y drenaje.


Los tubos, pozos y piezas complementarias de hormigón son productos que ofrecen unas excelentes prestaciones y una elevada calidad a nivel intrínseco. Esto se debe principalmente a tres razones:


Hablamos de productos industrializados, sujetos en fábrica a estrictos controles de calidad, tanto sobre el producto terminado, como sobre las materias primas y los procesos de producción.


Los tubos de hormigón son rígidos. Contribuyen en gran medida a la estabilidad estructural del sistema y, además, la dependencia este comportamiento estructural respecto a variaciones de los parámetros obtenidos en ejecución en relación a los planteados en proyecto (por ejemplo tipo de terreno o nivel de compactación alcanzado) tienen muy poca influencia.

La extensa experiencia que se tiene en el trabajo con este material ha tenido como resultado una normativa muy estricta, que prevé posibles problemas y adopta las medidas necesarias para paliarlos.


Una marca de calidad no acredita que se esté comprando un súperproducto. Una marca de calidad ofrece la garantía de que un fabricante está cumpliendo, como mínimo, con los parámetros que dicta la norma aplicable a dicho producto. Hay pues, dos factores diferenciadores entre dos productos poseedores de una marca de calidad:


Por un lado, puesto que el nivel de exigencia de diferentes normas es distinto, pese a que varios productos ofrezcan una garantía de cumplimiento ante su propio reglamento, el cliente obtiene una mayor garantía ante el producto que posee un reglamento más duro y completo, basado en una dilatada experiencia en el material utilizado y el uso del producto fabricado.

Por otro lado, en el caso concreto de los sistemas de saneamiento y drenaje, la dependencia de las propiedades del sistema respecto a las propiedades del tubo varía mucho en función del tipo de tubo que se utilice. Y lo que realmente importa son las propiedades del sistema.

Los tubos rígidos no se deforman. La situación inicial, la situación de cálculo, es prácticamente la misma que tendremos a lo largo de toda la vida útil del tubo. Y el comportamiento del sistema apenas depende de los trabajos in-situ que se realicen durante la instalación. Y, puesto que el comportamiento se debe en su práctica totalidad al tubo, si este tiene una calidad garantizada, se estará instalando un sistema de prestaciones garantizadas.
 

¿Y si se opta por un sistema cuyas propiedades dependen más de los trabajos de instalación que del tubo utilizado? ¡Ni con el mejor sistema de aseguramiento de la calidad se podrá tener un control sobre las prestaciones del sistema!

 

El cemento Portland actual lleva usándose desde hace prácticamente dos siglos (fue inventado por Joseph Aspdin en 1824), pero la historia del hormigón se remonta a muchos siglos antes. Los romanos ya ejecutaban grandes obras en hormigón. Uno de los ejemplos más conocidos es el panteón de Agripa, en Roma, pero también tenemos noticia de conductos de hormigón en las antiguas cloacas romanas, e incluso antes. Algunos de estos antiguos sistemas de saneamiento ejecutados en hormigón siguen en servicio a día de hoy.


Pues bien, el hecho de que el hormigón sea un material con una historia tan dilatada en nuestra arquitectura e ingeniería civil tiene mucho que ver con lo que cabe esperar de él: sus fortalezas son bien conocidas, pero sus posibles debilidades también lo son y esto es, en definitiva, una fortaleza. Hoy en día sabemos cuáles son, por ejemplo, las situaciones en que un hormigón puede sufrir ataques químicos y esto se ve traducido en una normativa muy estricta que obliga al fabricante a controlar muy de cerca, no sólo su producto final, sino también sus materias primas (parámetros químicos del cemento, los áridos, el acero, incluso el agua...) y el proceso de producción. Para garantizar la resistencia mecánica de los tubos de hormigón se realizan ensayos destructivos en fábrica, que aseguran estadísticamente el cumplimiento real (más allá del cálculo) de unas resistencias mínimas de fisuración y rotura.


El verdadero valor añadido que posee un tubo de hormigón certificado respecto a uno que no lo esté es que existe un organismo independiente que acredita que todos los controles que determina la norma se cumplen. El control de los parámetros realmente importantes relacionados con las prestaciones de los tubos de hormigón es, a día de hoy, obligatorio, ya que están recogidos dentro de los parámetros que deben controlarse para marcar CE el producto. Sin embargo, el marcado CE de los tubos de hormigón se realiza por autodeclaración del fabricante.


Un tubo de hormigón poseedor de una marca de calidad está sometido a dos auditorías anuales, en las que no sólo se evalúa la correcta documentación del control en fábrica, sino que auditores externos escogen al azar una muestra representativa de tubos sobre los que se llevan a cabo todos los ensayos recogidos en la norma.


En la siguiente ficha puede observarse cuáles son los parámetros controlados por los auditores del organismo notificado que certifique los tubos de hormigón en cuestión y los valores mínimos que dichos parámetros deberán alcanzar para que el producto obtenga la marca. Como se puede observar, la gran mayoría de estos parámetros son obligatorios de acuerdo a los requisitos del marcado CE, lo que da una idea del nivel de exigencia de la norma europea aplicable a los tubos de hormigón (UNE-EN 1916).

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Apostar por productos prefabricados de hormigón con marca de calidad de producto no supone sólo contar con tubos de calidd garantizada; supone construir sistemas con calidad garantizada.

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