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Hacia el cumplimiento íntegro de la legislación vigente. ¿Realidad o utopía?

Hace tiempo escuchamos decir en una de aquellas jornadas organizadas sobre la entrada en vigor del Reglamento Europeo de Productos de Construcción, “que España era el país donde todo estaba permitido, especialmente aquello que está prohibido”. Esta frase, tan contundente por una parte, ilustra de algún modo que en el sector de construcción se sigue vulnerando en gran medida la legislación aplicable. He aquí un ejemplo:




No deja de ser reseñable que pasados 3 años desde la entrada en vigor del tan famoso certificado energético, que hasta el último ciudadano sabe de su existencia, se siga permitiendo que viviendas en venta o alquiler no dispongan de él, utilizando la categoría de “en trámite”. Este trámite (toma de datos de la vivienda – si están disponibles -, proceso de cálculo con un programa oficial y por último presentación de la documentación) es tan sumamente sencillo y ágil, que la indisponibilidad del mismo revela un hecho concluyente: no hay voluntad de cumplirlo, tanto por parte de agentes, como de consumidores y especialmente de administraciones, aunque existan unas sanciones tipificadas. Imagínense unas carreteras sin radares. ¿Consecuencias? Quienes no excederían los límites de velocidad establecidos por la Ley acabarían siendo la excepción, y no la regla.

Otro ejemplo llamativo. Desde que en 2001 entró la obligatoriedad del marcado CE en los cementos, la mayor parte de productos de construcción referenciados en aproximadamente 450 normas europeas, han sido progresivamente obligados a disponer del marcado CE para permitir su comercialización dentro de la Unión Europea. Sin embargo, pasados 15 años todavía hoy nos encontramos con empresas fabricantes que no lo tienen, y pese a ello siguen operando dentro del mercado con absoluta normalidad. ¿Quién no ha escuchado la frase “como no me lo piden”? sirviendo de autojustificación de esta flagrante vulneración. Pese a que otros muchos productos y bienes de consumo requieren igualmente del marcado CE, es probablemente el sector de la construcción el campo de actividad donde más se acentúa este problema. ¿Alguien toleraría comprar un televisor o subirse a un ascensor que no cumplieran con el marcado CE? Aunque también exista un régimen sancionador, no tenemos noticias de que éste sea aplicable en la medida que se vulnera.

En el caso de los productos prefabricados de hormigón, cabe destacar que es uno de los sectores de la construcción con un mayor grado de normalización, como lo demuestra el hecho de que unas 30 normas armonizadas cubren directa o indirectamente a estos productos, quedando muy pocos casos en que queden fuera de la exigencia obligatoria del marcado CE. Como Asociación que en sus más de medio siglo de existencia se ha erigido como portavoz de la industria, se han realizado ingentes esfuerzos tanto aguas arriba (desarrollo de normas) como aguas abajo (cumplimiento de las mismas), de forma que las empresas compitan en igualdad de condiciones, al menos en cuanto a la aplicación de la legislación vigente, y que sólo la aportación de un valor añadido a través de las marcas de calidad (por ejemplo, la marca N de AENOR [1] o el sello CIETAN [2]) supongan una ventaja competitiva para aquellas empresas que quieran distinguirse por invertir en mejorar sus procesos productivos y que éstos queden garantizados por certificaciones externas independientes, tarea que compete a los Organismos Notificados. Sin embargo, la ausencia generalizada de vigilancia (casi nula inversión en esta materia por parte de la Administración, que delega a su vez en las Comunidades Autónomas) provoca que todavía hoy nos encontremos con empresas que eluden sus obligaciones en esta materia, resultando una competencia desleal frente a quienes cumplen y no cuestionan la legislación, por muy amplia y exigente que sea (Instrucción EHE-08, Código Técnico de la Edificación, marcado CE, Eurocódigos estructurales, etc.) [3].

Como organización presente en cerca de 20 comités de normalización y certificación, tanto nacionales como europeos, apostamos por la introducción creciente de exigencias normativas (sostenibilidad [4], BIM [5], etc.), siempre que sean razonadas, pues uno de los valores que más destacan el resto de agentes es la calidad que ofrecen los productos prefabricados de hormigón (como dato, más de 50 aspectos son controlados a lo largo del proceso productivo en los prefabricados estructurales con marcado CE, desde la recepción de las materias primas en la fábrica hasta la salida del producto acabado). Sin embargo, esta premisa debe ser satisfecha siempre y cuando se cumplan las exigencias derivadas de la reglamentación por parte de todos los agentes (proveedores y receptores). No es cuestión de grandes inversiones, simplemente de voluntad.

[1] Marca N de calidad. Web ANDECE [+]

[2] Sello de Conformidad CIETAN. Web Instituto Eduardo Torroja – CSIC [+]

[3] Reglamentación vigente. Web ANDECE [+]

[4] "Reglas de categoría de producto para la obtención de declaraciones ambientales de productos prefabricados de hormigón". Revista Cemento Hormigón [+]

[5] "Una primera aproximación al lenguaje BIM y cómo la construcción industrializada con prefabricados de hormigón puede encajar en este nuevo modelo de comunicación" [+]